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AMIGABLE Y SINCERO DOS BUENAS CUALIDADES
Es imposible caerle bien a todos en la oficina; sin embargo, se pueden manejar las relaciones de forma pacífica y productiva Siempre se ha dicho que las relaciones humanas son las más difíciles de llevar. Las conexiones que se forman entre las personas viven del correcto mantenimiento que se dé a esos lazos de unidad. Generalmente, las personas que se quejan de tener pocos amigos (“porque la confianza se ha devaluado”, “porque nadie puede guardar un secreto”, “porque todos son unos chismosos”, “porque a nadie le gusta lo que me gusta”, o cualquier otra excusa). Lo hacen porque a ellas mismas les falta aplicar el secreto para ganar amigos. En general, el concepto de ganar algo se relaciona con la obtención de un beneficio o ventaja, con el triunfo o la prosperidad. Para muchos significa, entre otras cosas, sacar provecho, conquistar, aventajar a sus compañeros de clase o de trabajo, superarse y ascender por lo que consideran la escalera del éxito. Solo que nada de eso se puede conseguir sin amigos o personas que inspiren confianza o aprecio. Se ha dicho siempre que en la oficina la palabra amistad es difícil de forjar pero tampoco es imposible. De modo que una de las primeras habilidades que conviene adquirir y cultivar es la de aprender a ganar amigos y conservarlos. Será más difícil ganar amigos o relaciones confiables si se aprenden algunos principios que rigen las relaciones en la oficina. Hay algunas señales que pueden hacer pensar a los colegas que uno es una mala persona. Por ejemplo, ser impuntual es algo que causa malestar. Cuando se llega tarde al trabajo o a una reunión, o se entrega tarde una encomienda, da la impresión de que la labor tiene poca importancia. Es molesto trabajar con alguien que se queja por todo o que tiene una actitud negativa. Si no se está de acuerdo con algo o si hay algo que no gusta, hay que hacer lo posible para arreglar la situación en vez de quejarse constantemente; es necesario ser proactivo en este sentido. No hay que anunciar los logros personales esperando reconocimiento. Es mejor actuar silenciosamente y dejar que los demás noten que el trabajo está bien cumplido. Finalmente, no es obligación estar siempre de acuerdo con el jefe o ser un “cepillo”. Esa actitud pone los pelos de punta a cualquiera. TENGA EN CUENTA:
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